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Sobre Perú 3 (7.1.2018)

No conté el regreso de Nasca. Lo que más me impresionó (y no pude sacarle fotos, por eso lo registro aquí) fue un cúmulo de cruces, muchas torcidas, un cementerio o similar, en pleno desierto. Se sumaba a las muchas minicapillas que homenajean muertos en accidentes de tránsito. Antes de regresar de Nasca fuimos a Islas Ballestas, en Paracas. La historia del guano, el geoglifo del candelabro (para mí y para muchos, un cactus San Pedro), medio millón de aves volando sobre tu cabeza, lobos marinos haciendo la digestión mirando al cielo. Imperdible. En el frío de Cusco se me peló la nariz por el sol que tomé en Paracas. De Cusco hablaré poco por ahora. El soroche es traicionero (cuesta recuperarse del mal de altura) y comí y bebí demasiado chocolate. Con coca, con aguaymanto, con pisco, con ají, con muña. Punto recomendable y gratis en Cusco: El Chocomuseo. Te invitan con té de cacao, granos de cacao, chocolate, mermelada con chocolate, licores varios. Te cuentan la historia, cómo se hace. Y salís de ahí con la idea de que todo el chocolate que probaste hasta ahora era un porquería. Otro museo recomendable es el Quechua, en el que participan estudiantes de arte, historiadores jóvenes, tejedoras en vivo. Te cuentan la historia de Cusco y también que, en la escuela, ahora se enseña quechua. Estos dos museos son gratis. Comprás lo que querés, si querés. Contrastan un poco con la meca del tour. Cusco es una meca del tour. Pero, punto para Cusco, ni el Mc Donald’s, ni el Starbucks, ni el KFC, ni las tiendas de ropa cara de baby alpaca, ni las agencias turísticas, ni los bancos y cajeros automáticos desentonan con la estética colonial. Nada de marquesinas, todo combina con todo. Tal vez, lo único que rompe con la estética sea la cantidad de gente del mundo. Somos muchos, caminamos sacando fotos, algunos de short, otros (como yo), abrigados, con poco oxígeno y frío, otros con ropa que se nota que compraron acá (japoneses o rubios de dos metros con ropa andina, por ejemplo). Nos maravillamos con cada historia, con las calles empedradas de casitas de barro, de tejas y puertas centenarias del Cusco. Ah, y aprendimos a saludar y agradecer en quechua.

This entry was posted on Tuesday, January 9th, 2018 at 8:02 pm and is filed under Crónicas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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