Leticia Feippe

semiosis ilimitada

Alli puncha, San Rafael

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Comiendo con cuchara (como se usa aquí) en un local en el que una señora ataviada con la ropa de los otavaleños prepara pollo frito con papas, veo unas niñas mirando la tele. Es una telenovela coreana ambientada en Venecia, doblada al español en algunas partes. Afuera, banderas del Pachakutik o de Alianza País -el partido de gobierno- en casi todas las casas y voces en quichua. Indígenas en 4 x 4, indígenas descalzos, indígenas con hermosísima ropa bordada a mano, indígenas que cruzan el puente o que suben la loma hacia su comunidad, indígenas que suben a un bus con unos 20 baldes con productos para vender en otra ciudad, Quito, probablemente.

Muchas mujeres con falda y blusas bordadas, hermosas blusas bordadas, hombres con trenza y pantalones blancos, alpargatas blancas o negras. Pocos mestizos. La mayoría son indígenas que conservan la forma de vestir tradicional, salvo uno que pasa con una onda medio hipster, también hablando en quichua.

El alcalde es indígena, el hermano del alcalde también. El primero sociólogo, el segundo poeta.

El alcalde es del partido del presidente desde hace un tiempo.

Cuenta la gente que los otavaleños tienen su sistema de justicia, ortigas y baños de agua fría a la vista de la gente para que el infractor aprenda, trabajos comunitarios. También cuentan que tienen su forma de casarse, que primero se casan por la comunidad, luego por civil o iglesia. Cuentan que son fieles y honestos.

A la iglesia van todos. El cura aplaude, canta. Se suman acordeones, guitarras. Si llueve no importa. El 6 de enero todos quieren formar parte del pase del niño y llevan estatuas de distintos tamaños con un niño Jesús en procesión desde donde empieza el pueblo hasta la iglesia.

Todo el pueblo da la impresión de querer decidir. En San Rafael de la Laguna se comenta que es probable que gane el Pachakutik, aunque los otavaleños también integran otros partidos y Alianza País no se queda atrás. Hay que ver cómo se vota en otros pueblos.

En los almacenes, los vendedores te dan los productos y luego te hacen la suma mirándolos ante tus ojos, sacándolos de la bolsa (funda) si es necesario. Van sumando mentalmente y diciendo en voz alta 1,25, 2,75, 3.15. Todo en dólares.

Se asombran de ver uruguayos. Te dan la bienvenida, te preguntan si te vas a quedar a vivir, cuándo llegaste, cuándo te vas, cuánto costó el pasaje, por qué Ecuador, cuál es tu segundo nombre, si ahora es invierno o verano en tu país. Te dicen también que un primo o un sobrino viajó a Uruguay a vender artesanías.

En el rubro artesanal Totora Sisa es la celebridad. El show room tiene hermosos muebles en totora que da pena que no entren en una mochila para poder llevarlos.

Los comerciantes, si tienen que salir del negocio por alguna diligencia, no cierran. Dejan a alguien cuidando para que avise que el dueño fue hasta otro pueblo pero que luego vuelve. Si pedís algo que no hay, van al comercio de al lado, te lo traen y te cobran el precio del otro.

Del otro lado de la carretera se ve el Lago San Pablo. A lo lejos, hosterías. Cuando las nubes bajan, los volcanes Cotacachi e Imbabura dejan ver la nieve.

A pocas cuadras del centro, ya en el campo, hay dos piedras gigantes con inscripciones que se suponen milenarias. Los otavaleños les hicieron una especie de quincho de piedra y paja para protegerlas. Cuentan que cayeron por una colina rodando un día de tormenta.

This entry was posted on Friday, January 10th, 2014 at 11:53 pm and is filed under Crónicas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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